El consentimiento fue ofertado por D. Melchor Fernández de la Cueva, Duque de Albuquerque, Conde de Ledesma y Huelma, Marqués de Cuéllar, el día 6 de octubre de 1679, siendo otorgado en respuesta a las vejaciones aducidas por la aldea. Mediante este documento suplicaban al Rey y al Real Consejo de la Cámara que exima y saque de la jurisdicción y la haga villa.

A partir de la concesión de villazgo, que el Rey Carlos II aprobó el 14 de octubre del citado año, se le hacia villa con jurisdicción civil y criminal, alta y baja en primera instancia, con término propio. La naciente villa se desvinculaba, por tanto, de la jurisdicción de Mombeltrán. Los alcaldes ordinarios serían designados por el pueblo salvo la aprobación del Duque, y los pastos comunes quedaron en la forma establecida.

El Rey permitió que esta naciente villa levantará insignias jurisdiccionales, se realizó el deslinde y amojonamiento del término municipal con competencia en los actos de carácter jurídico y delictuales que ocurran dentro de este término, se procedió a verificación de los censos aportados y se otorgó la libre designación de los alcaldes ordinarios.

En conclusión, lo que logró Mijares fue, principalmente, una jurisdicción civil y criminal en primera instancia, un término municipal propio y control de cuanto ocurriera en él y se desligaron de la competencia de la villa de Mombeltrán. El consentimiento del Duque de Albuquerque, señor del Estado de Mombeltrán, fue un paso previo. El señor de la tierra de Mombeltrán no perdió nada con este proceso, manteniendo principalmente sus rentas, posesiones, etc. Por otra parte este expediente emancipador tenía un precio: 7.000 maravedís por vecino más otros costes (media annata, deslinde y amojonamiento, etc.). Estas cantidades se ingresaron en las maltrechas arcas reales. El monarca fue uno de los principales beneficiarios de este proceso. Este hecho, por tanto, endeudó a la naciente villa.

La referencia histórica más antigua y la primera que encontramos de Mijares es la del Libro de las Monterías, escrito por Alfonso XI entre los años 1342 y 1350, en el que se hace referencia a los parajes de este pueblo: «La Pinosa de las torres et los Gavilanes et la Centenera et Encinar de Velasco Chico; es todo un monte; et es bueno en osos en ivierno et verano.»

Más conocidos son los hechos acaecidos en Mijares del año 1432, época en la que el Rey de Castilla, Juan II, nombra Condestable de Castilla a D. Álvaro de Luna y le entrega en recompensa los «alijares de la llamada Trasierra abulense», que comprendían los terrenos al sur de la Sierra de Gredos, dentro de los cuales se encontraba Mijares. Ya en aquella época tenemos referencia de que este lugar se conocía por su nombre actual en documentos donde se refleja que el procurador del Condestable D. Álvaro acudió a los lugares del valle para tomar posesión de los llamados alijares «...e llegó a un lugar que dizen los Mijares donde fizo ajustar y personarse ante él a ...».

Pero, sin lugar a dudas, el dato histórico de Mijares más importante es el título de Villazgo, cuya documentación al respecto proviene del Archivo de la Casa Ducal de Albuquerque.

El pueblo de Mijares estaba supeditado, desde su creación, a la Villa de Mombeltran, al igual que todas las aldeas de alrededor. Se regían por las llamadas "Ordenanzas del Estado de Mombeltrán", que trataban de regular la vida cotidiana de la tierra de Mombeltrán y principalmente la relación de las aldeas con la villa cabecera.

Fue en al año 1679 en el que Mijares aduce varias causas por las que pretende desvincularse del Estado de Mombeltrán y constituirse como villa.

Algunas de esas causas eran: la distancia que existía entre ella y la Villa cabecera y lo abrupto del terreno, desprecio y ofensas de la justicia de Mombeltrán a los alcaldes de Mijares, envenenamiento de las gargantas de Mijares por parte de Mombeltrán, detención de la vendimia más allá de lo estipulado...





Además de Mijares, optaron por esta decisión varios pueblos del Valle dependientes del estado de Mombeltrán, por lo que varios años después, concretamente en el 1703, se firma el llamado "Pacto de la Concordia", en el que se estipulan los derechos y obligaciones, las prestaciones y contraprestaciones de las villas de toda la zona. En lo que atañe a Mijares, desaparece casi por completo el régimen de aprovechamiento en común, exceptuando una parte del pinar, y se efectúa la delimitación del término municipal.

En ese mismo siglo, en el año 1792, reinando Carlos IV, se construyó el primitivo edificio del Ayuntamiento.

Éstos son, a grosso modo, los hechos que han marcado la historia de Mijares; en los sucesivos años la vida transcurrió intentando mejorar para ir adaptándose a las exigencias de los nuevos tiempos.




NUESTRO ESCUDO

   Tenemos bandera y escudo.
   Hasta hace muy poco tiempo, nuestro Ayuntamiento utilizaba, para fines propagandísticos, un escudo en el que se veían nuestras montañas, el puente de los Tres Ojos, pinos, castaños y la fachada del Ayuntamiento.
   Este escudo no era oficial. Además, la Heráldica, ciencia que estudia y sabe mucho del pasado y del protocolo oficial, no podía admitir estos símbolos de "andar por casa" de una forma oficial, pues no están reglamentados en esta ciencia.
   Por este motivo, el Ayuntamiento encargó en su día a un equipo de expertos en tan sugestivo arte de la heráldica que estudiara un escudo y bandera para Mijares.
   Ya lo tenemos, y pronto recibiremos en nuestras casas un folleto con la descripción del mismo. Pero de forma informal digamos que tenemos un bonito escudo.
   En él, mis ojos ven el Tiétar. Claro, el agua es algo tan nuestro que no podía faltar. Además, se me antoja que el Tiétar se hace "navegable" y nos une al resto de pueblos del Valle. Bien puesto.
   Veo montañas que no son montañas. Mis ojos ven una "piña". La "piña" que forma nuestro pueblo ante la dificultad. La "piña" de hombres y mujeres unidos para, pongamos por caso, apagar un fuego. La "piña" de niños, jóvenes y mayores llenando la Plaza en un día de fiesta o para apoyar a aquel al que la fortuna le ha dado la espalda. Me gusta la "piña" en nuestro escudo.
   Nuestro escudo también tiene "CII". Los expertos dicen que fue el Rey Carlos II el que nos otorgó el título de Villa. Vale. Pero a mí esa "C" me recuerda las "C"urvas de nuestro puerto, La "C"entenera, siempre vigilante a nuestro quehacer diario. La "C" está en "corato", "castaño", "cachuela", "calbote"..., palabras nuestras y muy nuestras... Definitivamente, creo que la "C" merece figurar en el escudo.
   Los dos "palotes" corresponden al cardinal de Rey Carlos, pero qué duda cabe que dos piernas nos ayudan a caminar mejor. Se vive mejor dos juntos que uno solo. Un puente debe tener, al menos, dos postes. Dios nos creó hombre y mujer... También los "palotes" son dignos de figurar donde están.
   ¿Y la corona y el "MDCLXXIX"? Pues..., bueno. La corona, decía el recientemente fallecido Gila a Su Majestad que él sólo se ponía la gorra para trabajar, como Su Majestad la corona. Dejemos la corona para trabajar, que a diario resulta un poco molesta. Y de la fecha, 1679, pues la verdad..., bien, pero los orígenes de nuestro pueblo, "Deo gracias", se remonta a muchos años atrás.
   En fin, que visto lo visto me gusta nuestro escudo y, además, ya conocemos los dichos: «A Rey muerto (antiguo escudo), Rey puesto (escudo actual)»; o aquel otro: «Ha muerto el Rey, ¡Viva el Rey!»

Mijares, julio de 2001
C.M.J.




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